DE INTERÉS
| LA BRONCA DE ROBLES A VICTORIANO |
| Anecdotario taurino |
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por: Paco Cañamero
Julio Robles fue un volcán de anécdotas. Hoy y siempre surge el recuerdo de este magistral torero malogrado, en lo mejor de su vida. Cuando ya disfrutaba de las mieles de ser un figura consagrada. Cuando ya no tenía que pedir a los empresarios, sino esperar la llamada y exigir. Julio fue un torero personalísimo, artista y peculiar. También fue un hombre peculiar y ensimismado (sobre todo en la época de torero), que no soportaba a los pesados, a los pelmas, ni a los figurones a su lado. Era un personaje extraordinario sabedor de sus magníficas condiciones como torero y de quien venía siempre de verdad. De él se cuentan muchas anécdotas, también de su temperamento y de hacer las cosas como a él le gustaban. Como esta anécdota que le ocurrió en Barcelona, en agosto de 1989, cuando toreó por última vez en La Monumental. Esa tarde, Julio Robles, la salió un toro de Jandilla al que trataba de someterlo, cuando desde el callejón, Victoriano Valencia, su apoderado, no dejaba de decirle cómo debía hacer las cosas. Robles, enfurecido lo miró una vez y con su mirada, le exigió que se callase. Pero Victoriano, fiel a su forma de ser, seguía a lo suyo: “Julio,hijo, dóblate con él en el tercio”. Entonces, Julio, malhumorado (lo sacaba de juicio la costumbre de Victoriano de llamar a todo el mundo hijo) y harto ya de lenguaraz de Victoriano Valencia remató la serie, cogió la muleta y la espada y marchó al lugar en el que se encontraba el apoderado: “Toma Victoriano toréalo tú que eres muy listo. A ver qué haces tú con él”. La gente alucinaba con la personalidad del torero de Salamanca, mientras que el apoderado busco refugio en un burladero y allí permaneció ya toda la corrida, sin volver a molestar a Julio Robles, queien volvió al toro, se centró para cortar las dos orejas, gracias a lograr callar a Victoriano Valencia, quien con sus consejos lo tenia fuera de sus casillas. |